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Por Mario Linaje, Director, Jefe de Industria; Alex Nicoll, Director de Medios de Comunicación y Entretenimiento, Reino Unido

Sólo 48 horas antes de que Tomorrowland diera la bienvenida a más de 400.000 aficionados a la música electrónica, su emblemático Mainstage quedó reducido a cenizas. La humareda negra que cubrió la localidad belga de Boom fue un duro recordatorio para el sector de los seguros: la magia de los festivales descansa sobre cimientos frágiles.

La escena trajo a la memoria un incidente similar ocurrido en 2017, cuando el escenario UNITE-Tomorrowland de Barcelona se incendió y obligó a evacuar a 22.000 asistentes en menos de tres minutos.

Separados por ocho años, ambos acontecimientos ofrecen algo más que imágenes espectaculares: suscitan una seria reflexión sobre la gestión de riesgos, la prevención y la capacidad de recuperación en acontecimientos temporales a gran escala.


Verano: temporada alta de riesgo

El verano es sinónimo de festivales, conciertos y reuniones al aire libre, pero también trae consigo improvisación, calendarios ajustados y poca previsión. Los festivales a gran escala dependen de infraestructuras temporales, a menudo construidas bajo presión y con poco margen de error: una tormenta perfecta para incidentes como el de Tomorrowland.

Entre bastidores, la realidad es compleja:

  • Se construye por primera vez sin pruebas previas.
  • Plazos reducidos que llevan a tomar atajos, a veces poniendo en peligro la seguridad.
  • Equipos técnicos que trabajan en espacios reducidos sin la coordinación adecuada.
  • Instalaciones incompletas que se solapan con ensayos y ajustes de última hora.
  • Protocolos de seguridad relajados por falta de tiempo.

Esta combinación crea un terreno fértil para incendios, fallos estructurales, errores humanos o fenómenos naturales imprevistos.


Anatomía de un incendio previsible: lo que salió mal en Tomorrowland

Las primeras investigaciones apuntan a un fallo técnico durante las pruebas de iluminación y pirotecnia. Las llamas envolvieron rápidamente más de 30 metros de decorados de poliestireno, miles de paneles LED y equipos de sonido valorados en 7 millones de euros.

El lado positivo: no hubo heridos. La evacuación de los 1.000 trabajadores se llevó a cabo con rapidez y eficacia, gracias a un plan de emergencia bien ensayado.

Puede que el incendio de Tomorrowland fuera accidental, pero no deja de transmitir el mismo mensaje: la capacidad de reacción no puede ser teórica. Hay que ensayar los protocolos de respuesta, probar las rutas y formar al personal. Cuando se produce una crisis, es demasiado tarde para escribir un plan: se necesita uno que ya se haya vivido, comprendido y esté listo para desplegarse.


Cuando cada segundo cuenta: la importancia de la preparación

En una emergencia, cada segundo cuenta. En Tomorrowland, las prioridades estaban claras: proteger vidas, contener el incendio y minimizar las pérdidas. Contar con un protocolo es vital, pero saber cómo aplicarlo lo es aún más. Los equipos deben tenerlo claro:

  • A quién dirigirse.
  • Qué medidas tomar.
  • Cómo cortar el suministro.
  • Las rutas de evacuación más seguras.

La coordinación con los servicios de bomberos y las fuerzas de seguridad fue fundamental. Aunque son ellos quienes dirigen la respuesta, un equipo interno formado puede marcar una diferencia decisiva, y a veces incluso evitar la necesidad de una intervención externa.

Acontecimientos como Tomorrowland nos recuerdan que ninguna producción opera en el vacío. En Sedgwick coordinamos cada vez más siniestros transfronterizos, con equipos en el Reino Unido, España y en toda la región EMEA y Extremo Oriente que colaboran en reclamaciones complejas para festivales, películas y eventos en directo. 

Tanto si se trata de un montaje de varias fases como de un rodaje con tres cámaras, es esencial comprender el contexto de la producción y la estructura del seguro. En realidad, el espectáculo solo continúa cuando la respuesta está alineada, es creíble y rápida.


Gestión de crisis: más allá de las llamas

El impacto de una catástrofe va más allá de las pérdidas económicas. En el caso de los eventos recurrentes, el daño a la reputación puede ser más difícil de recuperar que una cancelación.

Tomorrowland respondió con rapidez, gracias a tres decisiones estratégicas:

  • Escenario alternativo: En 48 horas, se construyó un escenario principal modular que preservó la experiencia del festival a pesar de la pérdida de la escenografía original.
  • División operativa: Si el nuevo escenario no estaba listo para el viernes, los DJ principales actuarían en DreamVille, una zona separada del recinto. Este "Plan B" habría garantizado una experiencia positiva para los asistentes a pesar de todo.
  • Cobertura de seguros: Las pólizas de cancelación de bienes y eventos absorben los costes directos (material alquilado, escenografía, ingresos por entradas) y los gastos de mitigación.

Lecciones sobre seguros que no deben olvidarse

Las aseguradoras hacen ahora preguntas más difíciles, y con razón. En el Reino Unido, la documentación sobre riesgos es objeto de un escrutinio cada vez mayor: declaraciones de métodos, programas de ensayos, registros de inspecciones, incluso imágenes de drones sobre aparejos o protección contra incendios. La brecha entre lo que está escrito en una evaluación de riesgos y lo que realmente sucede in situ puede ser la diferencia entre un acuerdo rápido y una prolongada disputa por la cobertura. Si los protocolos existen sobre el papel pero no se cumplen en la práctica, habrá preguntas y retrasos.

Estos incidentes ponen de manifiesto una verdad fundamental: por muy minuciosa que sea la planificación, no todo puede prevenirse. Por eso, contar con el seguro adecuado no es opcional: es estratégico.

Principales conclusiones:

  • Las evaluaciones de riesgos son obligatorias por ley y esenciales para la seguridad. Deben adaptarse al evento e ir más allá de las evaluaciones estándar.
  • Las medidas preventivas identificadas durante la evaluación deben aplicarse, tanto para cumplir los requisitos reglamentarios como para satisfacer a las aseguradoras.
  • Debe existir un protocolo de emergencia completo y, lo que es más importante, todo el personal (especialmente los jefes de equipo) debe conocerlo y saber con quién ponerse en contacto en caso de incidente.

Cada incidente debe analizarse para determinar su causa y aplicar medidas que impidan que se repita.


El papel del seguro: suavizar el golpe

Disponer de un seguro es una cosa; conseguir que responda bajo presión es otra. Hemos tramitado grandes siniestros en los que se cuestionaron desde los plazos de ignición hasta la comparabilidad de los equipos de sustitución. La continuidad del negocio no depende sólo de tener un Plan B, sino de poder justificar el gasto, mostrar el funcionamiento y demostrar que la mitigación era proporcionada, necesaria y estaba cubierta. Ahí es donde los peritos experimentados y el apoyo coordinado de los corredores son fundamentales, sobre todo cuando la coordinación se extiende por varias fronteras.

Incluso tomando las debidas precauciones, algunos incidentes son inevitables. Por eso, desde el punto de vista de los seguros, son esenciales un análisis exhaustivo de los riesgos y una cobertura completa, no sólo de los daños materiales, sino también de la pérdida de ingresos, la cancelación del evento y la responsabilidad civil.


Cultura de gestión de riesgos: la piedra angular de la continuidad de las empresas

La experiencia de Tomorrowland demuestra que una auténtica cultura de gestión de riesgos va más allá de los protocolos escritos: debe estar integrada en las operaciones diarias. La anticipación, los ensayos, la formación del personal y la coordinación con los servicios de emergencia fueron fundamentales para evitar víctimas y contener los daños.

El Reino Unido también está entrando en una nueva era normativa. Con la entrada en vigor de la Ley Martyn, los organizadores de eventos se enfrentarán a la obligación legal de integrar la lucha contra el terrorismo y la planificación de incidentes graves en todas las fases de sus operaciones. Esto va mucho más allá de los simulacros de incendio; se trata de disponer de planes de respuesta creíbles y dinámicos para toda una serie de amenazas, desde incidentes accidentales hasta atentados deliberados.

Esto demuestra que la planificación de riesgos debe vivirse, no sólo documentarse. Los equipos deben estar formados, entrenados y tener confianza en su respuesta, porque cuando cada segundo cuenta, la agilidad lo es todo.

La continuidad empresarial no depende de la buena voluntad o la improvisación, sino de una preparación deliberada, que incluya alternativas operativas y una cobertura de seguros adecuada. El rápido montaje de un escenario alternativo, combinado con un plan B logístico y artístico planificado de antemano, garantizó la continuidad del festival y preservó la experiencia del público.

Este enfoque proactivo, respaldado por políticas que cubren desde los daños materiales hasta la pérdida de ingresos, demuestra que, si bien la prevención ayuda a reducir el impacto, sólo la anticipación con soluciones concretas garantiza que el espectáculo pueda continuar.