7 de diciembre de 2020
Ahora que nos acercamos al final de 2020, muchas empresas esperarán dejar este año definitivamente atrás. El impacto de la pandemia de COVID-19 en diversos sectores ha llevado a muchas empresas a la quiebra, mientras que otras simplemente han estado luchando por mantenerse a flote.
Por lo tanto, es comprensible que se haya dejado de lado la visión y la planificación a largo plazo para dar prioridad a la estabilidad a corto plazo. Sin embargo, algunas empresas han sido capaces de mirar hacia el futuro, hacia un momento en el que la crisis sanitaria mundial sea cosa del pasado.
Tomemos como ejemplo a Dyson, el gigante de la tecnología y la electrónica. El mes pasadoanuncióque invertirá 2.750 millones de libras en nuevas tecnologías y productos durante los próximos cinco años.
Ronald Krueger, director ejecutivo de Dyson, declaró lo siguiente: «Ahora es el momento de invertir en nuevas tecnologías, como el almacenamiento de energía, la robótica y el software, que impulsarán el rendimiento y la sostenibilidad de nuestros productos en beneficio de los clientes de Dyson. En los próximos cinco años, ampliaremos nuestras categorías de productos actuales y nos adentraremos en campos totalmente nuevos para Dyson. Esto marcará el inicio de un nuevo capítulo en el desarrollo de Dyson».
Por supuesto, la innovación conlleva riesgos. A medida que los nuevos productos salen al mercado, existe el peligro de que presenten defectos leves —o graves—. Afortunadamente, en toda Europa contamos con procesos sólidos para supervisar los productos y los países pueden, si es necesario, tomar medidas rápidas para llevar a cabo retiradas del mercado.
Sin embargo, ese riesgo siempre está presente, incluso con los productos ya existentes. El desarrollo de productos nuevos e innovadores tiene un gran valor, y es probable que las empresas que sean capaces de arriesgarse e invertir en investigación y desarrollo sean las que más se beneficien en los próximos años.
La enorme magnitud de la inversión que está realizando Dyson es, por supuesto, algo que solo algunas empresas pueden permitirse. Pero la ambición —el impulso por hacer las cosas de forma diferente, por adentrarse en campos emergentes como la robótica y el aprendizaje automático, sin garantías de éxito— es un enfoque del que se puede aprender.
Como dice el famoso refrán, hay que arriesgarse para ganar. Quizá habría que matizarlo un poco: hay que innovar para ganar.
Australia
Canadá
Dinamarca
Francia
Alemania
Irlanda
Países Bajos
Nueva Zelanda
Noruega
España y Portugal
Reino Unido
Estados Unidos