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Por David Gear, BA ACII FCILA FUEDI-ELAE, director y responsable de grandes siniestros para Escocia e Irlanda del Norte

Dicen que en la vida solo hay dos cosas seguras: la muerte y los impuestos. Sin embargo, hoy en día, a esa lista se podría añadir fácilmente otra inevitabilidad: las poderosas tormentas con nombre. Por lo general, vemos cómo se pronostican, cómo se forman, seguimos su trayectoria, hacemos todo lo posible por proteger nuestros hogares y tomamos medidas para proteger nuestros negocios. Pero, hagamos lo que hagamos, no podemos detenerlas.

En los últimos tiempos, el Reino Unido ha sentido esta realidad con demasiada frecuencia. Latemporada de tormentas 2024/25ya ha traído seis tormentas con nombre, entre las que destaca la tormenta Éowyn, del 25 de enero, como la más potente en más de una década. Provocó alertas rojas poco habituales, causó daños generalizados y, trágicamente, provocó víctimas mortales. Más recientemente y fuera de temporada, en agosto, la tormenta Floris azotó el país, causando graves trastornos en las carreteras, los servicios ferroviarios y el transporte aéreo.

A pesar de las previsiones y las alertas tempranas, innumerables hogares y negocios sufrieron daños importantes: ventanas destrozadas, puertas rotas, muebles destrozados, maquinaria dañada por el agua y, en algunos casos, tejados completamente arrancados. Como resultado, se produjeron daños en viviendas, interrupciones en la actividad empresarial y un fuerte aumento de las reclamaciones a las aseguradoras.

En el pasado, las reclamaciones relacionadas con tormentas solían ser sencillas para los peritos desde el punto de vista de la cobertura de las pólizas. Pero las cosas han cambiado. Los acontecimientos recientes han puesto de manifiesto nuevos retos, desde disputas sobre la redacción de las pólizas hasta interpretaciones cada vez más complejas de las responsabilidades de cobertura.

Determinación de la causa inmediata

Uno de los primeros retos a la hora de gestionar las reclamaciones relacionadas con tormentas es determinar la causa inmediata, es decir, el evento más directamente responsable de los daños. Esto cobra especial importancia cuando se trata de pólizas de riesgos, en las que solo se cubren riesgos específicos, a diferencia de las pólizas de todo riesgo, que son más amplias. También es importante cuando determinados riesgos conllevan restricciones de cobertura o franquicias más elevadas, lo que hace que sea esencial una clasificación precisa.

Por ejemplo, una tormenta fuerte puede provocar inundaciones inmediatas en un río o mar cercano. ¿Debería tratarse como un siniestro por tormenta o como un siniestro por inundación? 

O imagina una tormenta que obstruye los canalones y bajantes con escombros, y la lluvia intensa que sigue provoca una entrada repentina de agua. ¿Se considera esto un daño por tormenta o se trata más bien de una reclamación por fuga de agua?

Si bien la tormenta en sí misma es el evento desencadenante, la cuestión de qué riesgo debe aceptarse a efectos de la cobertura rara vez es sencilla. Estas decisiones suelen ser objeto de debate entre las aseguradoras, los peritos y los asegurados, y en casos complejos pueden incluso requerir una interpretación jurídica que, como demuestra la experiencia, puede variar.

Consideraciones sobre la redacción de la póliza y la cobertura

Los seguros contra tormentas han excluido durante mucho tiempo ciertos tipos de daños, sobre todo los causados a objetos móviles dejados al aire libre y a vallas o puertas. A primera vista, estas exclusiones pueden parecer sencillas, pero en la práctica suelen dar lugar a disputas. ¿Qué se considera exactamente un objetomóvil?

Consideremos, por ejemplo, una situación en la que un árbol grande es derribado por una tormenta y destruye una valla fronteriza. Algunas aseguradoras aceptan la reclamación, especialmente cuando la póliza incluye explícitamente los daños causados por la caída de árboles o restablece la cobertura para tales situaciones. Otras, sin embargo, mantienen la exclusión y rechazan la reclamación por completo.

Otro reto frecuente es determinar cómo clasificar un elemento dañado. ¿Debe incluirse en la categoría deedificioso decontenidos? Las propiedades y negocios modernos suelen contar con una amplia gama de instalaciones externas que difuminan estas definiciones. Las redes para pájaros en los tejados, los paneles solares montados en el suelo, las cabinas portátiles utilizadas como oficinas o almacenes, los carteles publicitarios independientes, los sistemas de iluminación portátiles para exteriores, los jacuzzis, los mástiles para banderas e incluso los llamados asientos «fijos» para exteriores: todos ellos introducen posibles zonas grises en la cobertura.

En respuesta a ello, muchos asegurados o corredores optan ahora por asegurar específicamente elementos que antes podían haber quedado en un terreno incierto. Sin embargo, incluso con una redacción más clara de las pólizas, siguen surgiendo disputas, lo que pone de relieve la creciente complejidad de las reclamaciones relacionadas con las tormentas.

Tipos de pólizas y exclusiones

Las pólizas a todo riesgo suelen considerarse más completas, ya que cubren una amplia gama de posibles daños, salvo que se excluyan específicamente. Por el contrario, las pólizas contra riesgos solo cubren eventos asegurados específicos, como tormentas, y suelen incluir exclusiones más limitadas.

Sin embargo, la redacción de las exclusiones de «todos los riesgos» puede variar considerablemente. Tomemos, por ejemplo, una cláusula típica:

«No pagaremos los daños causados por o consistentes en defectos ocultos, diseño defectuoso o mano de obra defectuosa».

En reclamaciones por daños a edificios de gran valor, las aseguradoras suelen recurrir a ingenieros para evaluar la causa de los daños, tanto desde el punto de vista de la responsabilidad civil como de la subrogación. En algunos casos, sus conclusiones han sido las siguientes:

«El techo tenía un defecto de construcción y fallos de diseño ocultos, lo que lo hacía estructuralmente inadecuado. Estas debilidades se vieron agravadas y provocaron su fallo durante los fuertes vientos de la tormenta».

Hallazgos como estos pueden desviar la atención de los daños causados por la tormenta hacia las exclusiones de la póliza, lo que puede dar lugar a que se rechacen las reclamaciones. Esto puede ser un tema especialmente delicado y polémico, sobre todo cuando los daños se producen durante una tormenta de gran repercusión mediática que ya ha causado importantes trastornos y ha acaparado la atención pública.

Conclusión

Esperamos que este artículo haya proporcionado información útil sobre la complejidad de las reclamaciones relacionadas con tormentas y los retos que plantean para las aseguradoras, los peritos y los asegurados. Como han demostrado los acontecimientos recientes, las tormentas pueden ser impredecibles tanto en cuanto a su momento de aparición como a su impacto, por lo que cada vez es más importante revisar cuidadosamente la redacción de las pólizas y comprender los límites de la cobertura.

Al mantenerse informados y adaptar los enfoques de gestión de siniestros, tanto las aseguradoras como los asegurados pueden estar mejor preparados para gestionar futuros acontecimientos, idealmente antes de que llegue la próxima tormenta con nombre.