Lucha contra los robos en el transporte en Francia

1 de diciembre de 2023

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Tras varios años difíciles, muchos de los problemas logísticos que han afectado a las cadenas de suministro mundiales están empezando a estabilizarse. Sin embargo, el robo de cargamentos sigue siendo motivo de preocupación. Con una inflación persistente y otras presiones económicas, el fenómeno requiere una movilización de todas las partes implicadas en el transporte de mercancías.

Aunque la gran mayoría de los envíos no plantean problemas, varios eslabones de la cadena siguen expuestos al riesgo de robo. De hecho, un gran número de delitos denunciados tienen lugar antes o después del transporte. La seguridad, la alevosía y el robo (incluido el robo mediante engaño) pasan a primer plano. Se ponen en marcha medidas disuasorias suficientes, como el refuerzo de la seguridad de los almacenes y depósitos mediante recursos humanos y técnicos (protección por vídeo/vigilancia a distancia), así como certificaciones de seguridad de los almacenes y depósitos.

Robo en el transporte

En la actualidad, dos tipos de robo con características muy distintas siguen constituyendo un reto:

  • Robo por oportunidad: Delitos generalmente poco sofisticados y de menor valor, como mercancías en vehículos con escasos o nulos medios de seguridad estacionados en aparcamientos no vigilados. El aumento de las compras por Internet y el consiguiente transporte de mercancías, así como la acumulación de mercancías en depósitos ferroviarios y puertos de embarque en cuanto se produce un incidente, son dos factores que han multiplicado este tipo de robos en los últimos años.
  • Delincuencia organizada: Mercancías específicas, delitos más sofisticados y planificados que a menudo requieren la cooperación de una persona con información privilegiada sobre la ruta de tránsito. Los delincuentes hacen todo lo posible por identificar cargamentos valiosos, como productos electrónicos y farmacéuticos, falsificar licencias y documentos de embarque, crear líneas de camiones falsas y otras artimañas engañosas para robar las mercancías.

La realidad sobre el terreno

A pesar de los procedimientos establecidos, el transporte terrestre sigue siendo un ámbito sujeto a peligros. Por ejemplo, pueden producirse atascos en el puerto en caso de huelga portuaria, o un conductor puede llegar al límite de su tiempo de conducción autorizado. La obligación de aparcar el vehículo en la carretera es difícil de gestionar, con muy pocos aparcamientos seguros en Francia.

Existe un mapa de los países más afectados por la delincuencia que otros, pero nadie se libra. Cuando se encuentra plomo alterado en un contenedor transportado de Francia a Estados Unidos, muchas personas no presentan denuncia porque no saben con certeza dónde ha ocurrido. Por tanto, estos delitos no se denuncian. Por poner un ejemplo reciente, pensemos en los 300 paquetes que desaparecieron de un contenedor procedente de la India vía Amberes. ¿Quién debe presentar una denuncia? El remitente considera que no es de su competencia. A su llegada a Francia, es imposible saber dónde tuvo lugar el vuelo, sobre todo en el momento de la escala.

A menudo se constata una falta de coordinación entre las distintas partes implicadas. Sin embargo, sólo un enfoque concertado permitiría poner en marcha acciones preventivas y limitar los riesgos.

Coste de los incidentes 

La seguridad es siempre una prioridad, pero puede tener un coste, y no todos los transportistas están dispuestos a aceptarlo. Sin embargo, el coste del robo suele ser más caro que tomar medidas preventivas.

Tanto si las mercancías son robadas de un barco, un tren, un camión o un almacén, las pérdidas de mercancías que se producen en tránsito suelen estar cubiertas por las pólizas de seguro marítimo. Todas estas situaciones tienen un coste. Por ejemplo, cuando un contenedor ha sido abierto, su entrega se retrasa varios días. Las franquicias pueden oscilar entre 15.000 y 20.000 euros por siniestro, y esto puede sumar sumas importantes.

Los transportistas recurren a los expertos para que les ayuden a determinar la responsabilidad en el momento del robo (si la investigación determina que la negligencia de uno de los transitarios, transportistas o subcontratistas logísticos provocó el robo, entonces deben asumir la responsabilidad de la pérdida), así como para recuperar las mercancías robadas y reducir el riesgo de futuras pérdidas.

Protección de intereses

Entre las acciones a considerar para luchar contra los actos malintencionados, hay que pedir a los profesionales de la seguridad que realicen un análisis de riesgos previo al transporte de mercancías. El cliente puede elaborar un pliego de condiciones, que sea objeto de un estudio, y no sólo una oferta de precios extraídos de los más bajos. Establecer esta recomendación es especialmente relevante cuando el valor de la mercancía, o la distancia/destino, son delicados. Al iniciar una conversación sobre cómo organizar el transporte, cliente y transportista comparten una visión común de los riesgos. Las cuestiones problemáticas deben debatirse y validarse conjuntamente. Para el cliente, entonces resulta más aceptable pagar por el servicio, que también corresponde a un servicio de consultoría. 

Como ya hemos visto, es esencial denunciar todos los hechos/observaciones, aunque no se comuniquen a las aseguradoras, así como transmitir esas constataciones a las autoridades (relaciones entre determinados hechos) para darles más medios para actuar.

Con las aseguradoras, reflexionar sobre el nivel de las franquicias que actualmente no incitan a reclamar sería un primer punto de reflexión, al igual que actuar colectivamente en materia de prevención. Asegurar las mercancías puede generar costes que el cliente no siempre está dispuesto a aceptar. El transportista no puede hacerse cargo de todo. Un incentivo en forma de bonificación podría fomentar la inversión necesaria en vehículos, por ejemplo. La seguridad es cosa de todos y la concienciación es esencial. Se empieza por desarrollar buenas prácticas sencillas y una cultura de la seguridad. 

El sector debe hacer frente a nuevos riesgos, como el cibernético, que pueden tener un impacto real en el negocio del transporte, pero no podemos descartar los riesgos fundamentales. En caso de incidente, la reputación de todos puede estar en juego, y en caso de juicio, el juez puede ser menos indulgente con una empresa que tiene toda la capacidad de actuar. Tenemos que poner en marcha iniciativas conjuntas para reducir estos riesgos y limitar el coste para las empresas.