18 de marzo de 2022
Por Wayne Mitchell, director global de ventas y marketing
Puede parecer que todas las personas que conoces conducen un vehículo eléctrico (VE) o tienen pensado comprarse uno en un futuro próximo.
Por el contrario, la adopción de los vehículos eléctricos en Estados Unidos es muy baja, inferior a la de otros mercados importantes como China y Europa. A pesar de haber aumentado un 83 %, los vehículos eléctricos representaron solo el 3 % de las ventas de coches nuevos en EE. UU. en 2021. En comparación, esta cifra se situó en el 9 % en China y en el 14 % en Europa. Aunque pueda parecer que no es gran cosa que las ventas de vehículos eléctricos representen una porción tan pequeña del mercado, hay que tener en cuenta el panorama general.
El panorama general
Como parte de sus iniciativas climáticas, la Administración Biden está llevando a cabo una importante campaña para fomentar la adopción de los vehículos eléctricos. La Casa Blanca ha anunciado el ambicioso objetivo de que los vehículos eléctricos representen el 50 % de todas las ventas de coches nuevos para 2030, lo que supone un aumento del 43 % en su cuota de mercado total en menos de una década. El primer paso de la Administración para alcanzar ese objetivo es establecer una infraestructura nacional de recarga de vehículos eléctricos que facilite los desplazamientos de los conductores de estos vehículos. Con un coste previsto de 5000 millones de dólares, la infraestructura nacional incluirá 500 000 estaciones de recarga en todo el país, que se construirán a lo largo de los próximos cinco años.
Sin embargo, es poco probable que esta iniciativa por sí sola contribuya a impulsar la adopción de los vehículos eléctricos hasta alcanzar el objetivo del Gobierno. Incluso una desgravación fiscal propuesta de 7.500 dólares por la compra de un vehículo eléctrico podría resultar insuficiente. Aumentar las ventas de vehículos eléctricos en una cantidad tan significativa en un plazo tan breve tendrá, sin duda, importantes repercusiones para los fabricantes de automóviles, las cadenas de suministro y la seguridad de los productos y los conductores. Aunque los fabricantes de automóviles tradicionales han ampliado recientemente su oferta de vehículos eléctricos, también hemos visto cómo muchos se han enfrentado a retiradas de estos productos debido a problemas de seguridad.
Nos espera un camino que puede estar lleno de baches
Es importante señalar que gran parte de la tecnología utilizada en los vehículos eléctricos actuales se encuentra todavía en una fase incipiente. Las recientes retiradas del mercado atribuidas a las baterías de iones de litio de los vehículos eléctricos ponen de relieve los retos a los que se enfrentan los fabricantes de automóviles y los proveedores de baterías a la hora de crear un producto estable y fiable para propulsar estos vehículos. Las noticias recientes sobre incendios provocados por baterías de iones de litio no han contribuido precisamente a animar a los posibles compradores a dar el paso. Las retiradas del mercado derivadas de riesgos de incendio también pueden resultar muy costosas para los fabricantes de automóviles, tanto desde el punto de vista financiero como en lo que respecta a su reputación. En un caso reciente, un importante fabricante de automóviles mundial y su proveedor de baterías vieron cómo el valor de sus acciones se desplomaba un 3,9 % y un 2,8 %, respectivamente, como consecuencia de un incidente relacionado con una célula de batería.
Para alcanzar el objetivo del Gobierno de que el 50 % de las ventas sean de vehículos nuevos, los fabricantes de vehículos eléctricos también tendrán que aumentar su producción, de modo que haya suficientes vehículos para satisfacer la demanda de los consumidores. Las continuas interrupciones en la cadena de suministro dificultarán esta tarea, ya que los fabricantes tienen dificultades para conseguir piezas, incluidoslos chips semiconductores clave. Sin embargo, si esta demanda no se materializa como se espera y la oferta supera la demanda del mercado, los fabricantes de automóviles se enfrentarán a cargas financieras que tendrán que recuperar de otra manera, lo que podría repercutir en los consumidores.
Por último, en este camino hacia 2030, y en la transición a largo plazo del sector de la combustión a la electrificación, será necesaria una gran cantidad de innovación tecnológica. Aunque la innovación tiene muchas ventajas, también requiere tiempo y un proceso de ensayo y error. Ante la presión por lograr avances rápidos (y sucesivos), los fabricantes de automóviles y los proveedores de componentes deberán garantizar el cumplimiento de estrictas normas de ensayo y calidad en todas las etapas.
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