14 de octubre de 2021
La salud mental de los empleados está cobrando cada vez más importancia entre los líderes empresariales, ya que puede influir de manera significativa en la productividad y el rendimiento de la organización.
Las exigencias de producción, las preocupaciones económicas y el dolor crónico —por no hablar de la incertidumbre en torno a la COVID-19— pueden provocar estrés en el lugar de trabajo. Y eso se nota, ya que las bajas por motivos de salud mental no han dejado de dispararse.
El impacto de la COVID-19 durante 2020
Las solicitudes de prestaciones por discapacidad mental suelen analizarse en términos generales, pero el tipo de solicitud es clave para comprender las tendencias. Los códigos correspondientes a los trastornos del estado de ánimo, la depresión y el trastorno bipolar evolucionaron de forma diferente antes y durante la pandemia en comparación con las solicitudes relacionadas con trastornos neuróticos, de ansiedad y relacionados con el estrés. Este último grupo creció un 129,7 % entre 2019 y 2020, a medida que la pandemia se fue extendiendo. Esto es significativo, especialmente si se compara con el primer grupo, cuyas reclamaciones disminuyeron un 24,2 % entre 2019 y 2020.
También es importante desglosar las reclamaciones por salud mental por sectores, ya que algunos sectores experimentaron picos en las reclamaciones de forma diferente a otros. Por ejemplo, las reclamaciones por salud mental de los trabajadores de los servicios sanitarios se dispararon significativamente en abril de 2020, ya que estos trabajadores fueron los más afectados por la labor de primera línea en la respuesta a la pandemia. Los trabajadores de sectores como el comercio minorista, el transporte, las comunicaciones, la energía y la industria manufacturera no alcanzaron su punto álgido hasta junio de 2020, a medida que los efectos en cadena de la pandemia afectaban a los trabajadores de cada sector. En muchos casos, los trabajadores de estos sectores se encargaron de mantener en funcionamiento las cadenas de suministro y de adaptarlas al aumento de la demanda de los consumidores en cuanto a compras online y entregas a domicilio.
Estas estadísticas reflejan los efectos a corto plazo derivados del inicio de la pandemia, cuando se produjo un aumento inmediato de las solicitudes de indemnización. Aunque las solicitudes relacionadas con la salud mental disminuyeron ligeramente a medida que se acercaba el final de 2020, en 2021 han vuelto a aumentar en todos los sectores, igualando o, en algunos casos, superando el máximo alcanzado en 2020. A medida que en nuestras culturas laborales aumente la concienciación y la aceptación de los problemas relacionados con la salud mental, los trabajadores seguirán adquiriendo la confianza necesaria para acceder a los recursos y obtener ayuda de los empleadores y los profesionales sanitarios.
En cuanto a los pacientes con COVID de larga duración —personas que se han recuperado de la COVID-19 y padecen síntomas a largo plazo, entre los que pueden figurar trastornos de salud mental como la ansiedad y el trastorno de estrés postraumático—, es demasiado pronto para saber cuál será el impacto a largo plazo en el número de reclamaciones relacionadas con la salud mental. Los expertos y los profesionales clínicos necesitarán más tiempo para investigar y recopilar datos sobre estos casos y las reclamaciones asociadas antes de que podamos empezar a sacar conclusiones. Pero dado que aproximadamente el 10 % de los pacientes con COVID-19 confirmado padecen síntomas de larga duración, este será un tema central durante el próximo año.
Previsiones para lo que queda de 2021
Una cosa está clara: las reclamaciones relacionadas con la salud mental no quedarán relegadas ni disminuirán de este año al próximo. Ya estaban en aumento antes de 2020; de hecho, era el grupo de diagnósticos que más rápido crecía antes de la pandemia. Tras el pico pandémico, el aumento es aún más rápido. Cabe esperar que estas tendencias en las reclamaciones por salud mental continúen durante el resto del año y hasta 2022, especialmente si los casos de COVID siguen aumentando como consecuencia de las variantes del virus.
El papel de los empleadores
Los lugares de trabajo deben tratar la salud mental como cualquier otra enfermedad. Hay que proporcionar recursos a los empleados que afirmen tener síntomas y creer en su palabra. El estímulo para que los trabajadores utilicen los días de salud mental, los días libres u otros recursos debe provenir de los gerentes y los altos directivos. Para los trabajadores que regresan tras una ausencia relacionada con la salud mental, es importante contar con una cultura de apoyo que garantice una reincorporación satisfactoria. Asegúrese de que el empleado que regresa se encuentre con un entorno en el que su trabajo haya sido gestionado durante su ausencia, en lugar de una montaña insostenible de papeleo o tareas.
Si tiene alguna pregunta sobre los últimos datos relativos a las reclamaciones de salud mental o necesita sugerencias o soluciones para sus programas de prestaciones, el equipo de Sedgwick está a su disposición para ayudarle. Visite nuestrositio webpara obtener más información.
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