A finales de agosto,varios diputados del Reino Unido criticaron al Gobierno británicopor no asumir el liderazgo en la regulación de la inteligencia artificial (IA). Las críticas se produjeron antes de la cumbre sobre IA que el Gobierno británico celebrará en noviembre, y tras la publicación de un libro blanco del Gobierno sobre el tema.

En marzo de este año, el ministro de Ciencia, Innovación y Tecnología del Reino Unido publicó ellibro blanco mencionado, en el que se expone el enfoque del Gobierno respecto a la regulación de la IA. El libro blanco recogía la postura del Gobierno sobre lo que debería incluir la regulación de la IA antes de proponer un marco normativo. En él se señalaban varias de las preocupaciones fundamentales del Gobierno en relación con la IA. Un aspecto central del libro blanco era la opinión del Gobierno de que la IA tiene la capacidad de estimular la economía del Reino Unido en condiciones normativas adecuadas. Además, el libro blanco expresaba la opinión compartida tanto por el Gobierno como por el Parlamento de que, a medida que los países de todo el mundo comienzan a establecer normas para regular la IA, el Gobierno del Reino Unido debe actuar con rapidez para liderar el debate mundial sobre la regulación de la IA.

El informe también identificó varios factores que hacen que la aplicación de una normativa sobre la IA sea fundamental, entre ellos los posibles daños que la IA podría causar a la salud física y mental, la privacidad y los derechos humanos. A medida que surjan nuevas innovaciones en materia de IA, una normativa adecuada que aborde los posibles sesgos y la discriminación en la IA será también clave para mantener la confianza del público, algo necesario para que las empresas inviertan en esta tecnología.

En lo que respecta al desarrollo de un marco normativo, el Gobierno propuso regular los usos de la IA, en lugar de la tecnología en sí misma. El Gobierno argumentó que esto le permitirá garantizar que la normativa no resulte «engorrosa» para las empresas y propone, además, que los principios esbozados en el libro blanco no se consagren inicialmente en la legislación. De este modo se garantizará que no se obstaculice la innovación. En su lugar, cualquier normativa sobre IA debería ser aplicada por los organismos reguladores existentes que cuentan con conocimientos especializados en el sector.

El enfoque normativo establecido en el libro blanco del Gobierno difiere considerablemente del enfoque propuesto por la UE para regular la IA, tal y como se describe enla Ley de IA de la UE. Mientras que el enfoque del Reino Unido parece dejar las decisiones a la discreción de los organismos reguladores para cada sector en particular, la UE ha elaborado una lista de sistemas de IA prohibidos y ha ampliado su clasificación de sistemas de IA de alto riesgo. El enfoque de la UE amplía las obligaciones de los fabricantes y distribuidores, mientras que el enfoque del Reino Unido da prioridad a minimizar las perturbaciones en las innovaciones en materia de IA.

A medida que el Reino Unido y la UE siguen trazando sus propias vías legislativas tras el Brexit, el panorama normativo se volverá cada vez más complejo para las empresas que operan en ambos mercados. Por el momento, el enfoque propuesto por el Gobierno británico para la regulación de la inteligencia artificial no amplía directamente las obligaciones de los productores y distribuidores, pero esto podría cambiar teniendo en cuenta las críticas de los diputados y otras aportaciones recibidas de las partes interesadas durante el periodo de consulta.

Dado que gran parte de la política del Reino Unido en materia de IA sigue sin definirse, los fabricantes y distribuidores podrían seguir enfrentándose a importantes cambios. Ante estas complejidades en constante evolución, las empresas que desarrollan IA o utilizan esta tecnología en sus productos se enfrentan a un riesgo continuo derivado de una supervisión regulatoria constante, a pesar de la falta de normas concretas que regulen la IA. Las empresas interesadas en la normativa sobre IA deberían aprovechar las oportunidades para participar en la elaboración de la legislación y prestar mucha atención a las novedades.

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