6 de julio de 2026
La Ley de Protección del Consumidor de 1987 (CPA) sigue desempeñando un papel fundamental a la hora de ayudar a las aseguradoras a recuperar las pérdidas causadas por productos de consumo defectuosos, ofreciendo una alternativa eficaz a las reclamaciones tradicionales por negligencia en los procedimientos de subrogación.
En las reclamaciones relacionadas con daños por incendio o por agua causados por bienes de consumo, la CPA ofrece una vía de indemnización que suele ser más sencilla y económica que recurrir únicamente al derecho consuetudinario.
Aunque ambas vías pueden seguirse simultáneamente —y, de hecho, a menudo se hace así—, la CPA ofrece la ventaja fundamental de que impone la responsabilidad objetiva a los fabricantes de productos defectuosos. Esto significa que el demandante no tiene que demostrar la culpa o la negligencia por parte del fabricante o del productor, sino únicamente que el producto era defectuoso y que existía un nexo causal entre el producto defectuoso y el daño.
El objetivo es garantizar que los consumidores tengan derecho a un cierto nivel de seguridad en los productos que utilizan y, lo que es más importante, que las aseguradoras también puedan recuperar los gastos en que incurran al pagar la reparación de los daños causados por productos que no cumplan las normas de seguridad pertinentes.
¿Qué se considera un producto defectuoso?
Para poder presentar con éxito una reclamación en virtud de la CPA, el demandante debe demostrar que el producto era defectuoso. El artículo 3, apartado 1, de la CPA define un producto defectuoso como aquel cuya seguridad es inferior a lo que «las personas tienen derecho a esperar en general», teniendo en cuenta todas las circunstancias. El artículo 3, apartado 2, enumera las circunstancias pertinentes, entre las que se incluyen la comercialización y la presentación, las instrucciones y advertencias, así como los usos y usos indebidos previsibles. El Tribunal Supremo del Reino Unido subrayó enel asunto Hastings contra Finsbury Orthopaedics Ltd queel criterio no se basa en lo que el demandante esperaba realmente, sino en lo que era razonable que esperara, teniendo en cuenta los factores enumerados anteriormente.
No existe un único criterio para demostrar la relación de causalidad en el marco de la CPA. Sin embargo, un precedente judicial destacado es el caso Ide contra ATB Sales Ltd [2008] EWCA Civ 424, que confirmó que el demandante no está obligado a identificar el mecanismo exacto del fallo. Esto puede hacer que las reclamaciones en virtud de la CPA resulten atractivas cuando se persigue una indemnización contra el fabricante o el productor de un producto complejo.
Reducción de los costes y de la carga probatoria
El hecho de eliminar el requisito de que los demandantes demuestren la culpa o la negligencia resulta útil, ya que evita la necesidad de llevar a cabo una investigación detallada sobre la conducta del fabricante y sus decisiones de diseño —información a la que los demandantes no suelen tener fácil acceso ni comprenden con facilidad—. Por lo general, un demandante tendría que presionar al demandado para que revelara esta información, que podría no facilitarse sin iniciar un procedimiento judicial o solicitar la divulgación previa a la acción judicial.
También es posible que tengan que recabar pruebas periciales más exhaustivas para determinar si alguna conducta o decisión de diseño fue negligente. En el ámbito de los seguros, la CPA resulta, por tanto, especialmente útil, ya que permite a las aseguradoras reclamar indemnizaciones a los fabricantes con un riesgo reducido de incurrir en costes elevados por la divulgación de información o las pruebas periciales, en un momento en el que la aseguradora a menudo ya ha incurrido en gastos de reparación significativos.
Últimos éxitos de SLS
Sedgwick Legal Services, que representa a numerosas aseguradoras, conoce bien este contexto. En un reciente éxito de la firma, Jamie Gardner (abogado asociado) logró obtener una indemnización por Daños en nombre de una importante aseguradora en un caso en el que esta había abonado 320 000 libras esterlinas debido a los daños causados por una caja de distribución defectuosa.
Este fue un ejemplo de las ventajas que ofrece la Ley de Protección del Consumidor (CPA) a los demandantes.
La Parte II de la CPA permite al Secretario de Estado establecer normas de seguridad que los fabricantes deben cumplir. El incumplimiento de dichas normas constituye una infracción administrativa y puede acarrear consecuencias penales, que suelen ser aplicadas por las autoridades gubernamentales.
Sin embargo, el artículo 41 de la CPA también permite a los consumidores interponer una demanda civil contra los fabricantes cuando el incumplimiento de dichas normas haya causado un perjuicio. Esto resulta especialmente ventajoso para las aseguradoras que persiguen la indemnización en virtud de la CPA. Puede resultar más fácil demostrar que un fabricante ha incumplido normas de seguridad específicas —que a menudo establecen estándares o directrices más concretos— que cumplir el criterio más amplio de la «expectativa general de seguridad».
Tal y como se ilustra en este caso, el artículo 41 permite a las aseguradoras recuperar cualquier gasto incurrido cuando el mal funcionamiento de un producto se deba al incumplimiento por parte del fabricante de dichos requisitos reglamentarios.
Un papel complementario junto a la negligencia
La Ley de Protección del Consumidor desempeña un papel fundamental a la hora de exigir a los fabricantes que rindan cuentas por la seguridad de los productos que comercializan. En el contexto de las indemnizaciones por subrogación, su importancia resulta especialmente evidente. Al permitir que se presenten reclamaciones en régimen de responsabilidad objetiva, la Ley contribuye a garantizar que las aseguradoras —y, en última instancia, sus asegurados— no tengan que asumir las consecuencias económicas de los daños causados por productos defectuosos.
Dicho esto, el derecho consuetudinario en materia de negligencia sigue ocupando un lugar importante junto a la CPA. Puede constituir una causa de acción adicional útil contra los fabricantes, o la vía principal cuando la CPA no es de aplicación. Esto puede incluir casos en los que la pérdida sea inferior a 275 libras esterlinas, en los que Daños los sufra Daños, o en los que resulte más sencillo establecer la responsabilidad de un prestador de servicios que demostrar un defecto del producto. En la práctica, las aseguradoras suelen seguir ambas vías en paralelo. Por lo tanto, es esencial comprender claramente las diferencias entre la CPA y la responsabilidad por negligencia, sobre todo a la hora de valorar qué enfoque puede conducir a una resolución más rápida y rentable.
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