29 de mayo de 2026
Durante décadas, los incendios forestales se han considerado un riesgo limitado a regiones como el Reino Unido, Grecia, España o California. Esa percepción está empezando a cambiar.
Las temperaturas récord de esta semana, junto con la confirmación del primer «megaincendio» registrado en el Reino Unido, apuntan a que Gran Bretaña podría estar entrando en una nueva era de riesgo de incendios forestales, con importantes repercusiones para la agricultura, Daños las aseguradoras.
Una advertencia escrita en el tiempo
En los últimos días de mayo de 2026, el Reino Unido registró algunas de las temperaturas primaverales más extremas jamás registradas. Los termómetros alcanzaron los 34,8 °C en Londres, antes de subir de nuevo hasta rondar los 35 °C, lo que supuso un nuevo récord para el Reino Unido en el mes de mayo.
En otras zonas, el calor fue casi igual de intenso. En Cardiff se alcanzaron casi los 33 °C, mientras que en gran parte de Inglaterra y Gales se registraron condiciones oficiales de ola de calor.
A modo de referencia, a finales de mayo las temperaturas suelen oscilar entre los 14 °C y los 20 °C. El reciente repunte se ha calificado de excepcional, incluso para lo que suele ser habitual en verano. Las noches apenas han traído alivio, ya que en algunas zonas las temperaturas se han mantenido por encima de los 20 °C, lo que se conoce como «noches tropicales» y que aumenta la presión sobre las personas, el territorio y las infraestructuras.
Esta combinación de calor, sequía y una alta presión persistente crea las condiciones propicias para los incendios forestales.
El primer megaincendio del Reino Unido
En este contexto, los científicos han confirmado que un incendio ocurrido en Escocia en 2025 se ha convertido en el primer «megaincendio» registrado en el Reino Unido, con una superficie quemada de más de 10 000 hectáreas.
Es un momento histórico. Antes se consideraba imposible que se produjeran incendios de tal magnitud en el clima típicamente húmedo del Reino Unido. Sin embargo, unas condiciones inusualmente secas provocaron que las turberas, normalmente anegadas, se incendiaran y ardieran rápidamente.
A los expertos les preocupa que esto no sea un hecho aislado, sino una señal de alerta temprana. Esto supone un cambio notable en la forma en que debe abordarse el riesgo de incendios forestales en el Reino Unido.
¿Siguiendo los pasos de Europa?
En el sur de Europa, los incendios forestales ya son algo habitual en verano. Países como España y Grecia se enfrentan a incendios a gran escala casi todos los años, provocados por el calor prolongado y la sequedad del terreno.
La respuesta allí se ha convertido en algo habitual: flotas de aviones recogen agua del mar y la lanzan sobre incendios en zonas remotas, a veces operando sin descanso durante días.
En el Reino Unido, ese tipo de respuesta sigue siendo limitada. Sin embargo, a medida que suben las temperaturas y los periodos de sequía se vuelven más habituales, cada vez es más difícil ignorar la comparación. Si en mayo ya pueden darse días con 35 °C, la pregunta es cuántos veranos nos quedan antes de que esas medidas sean necesarias también aquí.
Granjas en primera línea
El impacto más inmediato se está dejando sentir en el campo. Los incendios ya suponen un riesgo importante para la agricultura del Reino Unido, con unos costes que superanlos 100 millones de libras al añoen daños a cultivos, edificios y maquinaria.
Las olas de calor agravan la situación. Los campos secos y la hierba reseca pueden prenderse fuego con facilidad, convirtiendo pequeños incidentes en grandes incendios en cuestión de horas.
El ganado también es vulnerable. Durante los recientes incendios forestales en Escocia, se perdieron miles de animales a medida que las llamas se extendían por vastas zonas.
Incluso cuando las explotaciones agrícolas no sufren daños directos, el calor prolongado puede reducir el rendimiento de los cultivos y poner a prueba los recursos hídricos, pérdidas que son más difíciles de compensar mediante los seguros.
Aumento de la presión sobre las aseguradoras
Para las aseguradoras, los incendios forestales ya no son un riesgo lejano o teórico. Las reclamaciones relacionadas con incendios y fenómenos meteorológicos extremos ya están aumentando, lo que supone el pago de cientos de millones de libras cada año.
El problema es que los incendios forestales son difíciles de predecir. A diferencia de las inundaciones, no siguen patrones geográficos fijos. Por el contrario, dependen de las condiciones meteorológicas, la vegetación y la actividad humana, factores que pueden cambiar rápidamente.
En consecuencia, las aseguradoras se ven obligadas a adaptarse, recurriendo a nuevos datos, a la vigilancia por satélite y a modelos de riesgo más detallados. En las zonas rurales de mayor riesgo, esto podría traducirse en primas más elevadas o en condiciones de póliza más restrictivas. Es probable que este cambio influya en los criterios de suscripción y en la fijación de precios de los riesgos en todos los sectores afectados.
Un punto de inflexión
Las previsiones indican que es poco probable que esta tendencia se invierta. Se prevé que el verano de 2026 sea más cálido de lo habitual, con una mayor probabilidad de que se produzcan nuevas olas de calor y de que las temperaturas alcancen valores superiores a los 35 °C.
Las señales apuntan a una tendencia clara. El primer megaincendio del Reino Unido y las temperaturas récord de esta semana no son casos aislados, sino que forman parte de un cambio más amplio.
Puede que los incendios forestales nunca alcancen la magnitud observada en el sur de Europa, pero ya no son algo ajeno al Reino Unido. Y a medida que el clima siga calentándose, es posible que la diferencia entre Gran Bretaña y las regiones europeas propensas a los incendios siga reduciéndose.
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