Autores

Por Max Koonce, director de siniestros

La gestión de riesgos está evolucionando a un ritmo vertiginoso. De cara al 2026 y más allá, las organizaciones se enfrentan a un panorama caracterizado por una volatilidad persistente, amenazas emergentes y unas expectativas cada vez mayores en materia de resiliencia. Desde los riesgos cibernéticos y las interrupciones en la cadena de suministro hasta los cambios normativos y la transformación de la plantilla, los retos a los que se enfrentan los gestores de riesgos son más complejos —y están más interconectados— que nunca.

La nueva realidad de la gestión de riesgos

El panorama actual de riesgos se caracteriza por la imprevisibilidad. La inestabilidad geopolítica, la volatilidad climática y los rápidos cambios tecnológicos están redefiniendo la ecuación del riesgo. Tal y como se ha destacado en nuestra reciente serie de entradas de blog, los gestores de riesgos deben hacer frente a todo tipo de retos, desde fenómenos meteorológicos catastróficos y el aumento de los litigios hasta el papel cada vez más importante de la inteligencia artificial y la transformación digital. La supervisión continua, la planificación de escenarios y la respuesta ágil deben sustituir a los registros de riesgos estáticos y a las revisiones anuales para poder adaptarse a entornos en rápida evolución.

Las organizaciones también se enfrentan a nuevas exigencias en materia de transparencia, toma de decisiones basada en datos y colaboración interfuncional. El papel del gestor de riesgos se está ampliando: ya no es solo un guardián contra las pérdidas, sino un asesor estratégico que ayuda a dar forma a las decisiones empresariales y a generar valor.

Cómo se están preparando las empresas líderes

Las organizaciones con visión de futuro están tomando medidas proactivas para hacer frente a estos retos. Están invirtiendo en análisis avanzados para obtener una visión en tiempo real de las exposiciones, aprovechando la tecnología para automatizar las evaluaciones de riesgos e integrando el análisis de riesgos en todas las facetas del negocio. Como señalan los expertos de Sedgwick, las empresas más resilientes son aquellas que consideran la gestión de riesgos como una función empresarial fundamental, y no como un departamento aislado.

Fomentar la resiliencia: la piedra angular de la preparación

La resiliencia es más que una simple palabra de moda: es la base de una gestión eficaz del riesgo. Ser resiliente significa tener la fortaleza necesaria para soportar las crisis, la redundancia para garantizar la continuidad, la flexibilidad para adaptarse, la capacidad de movilizar recursos con rapidez y la capacidad de reajustarse a medida que cambian las circunstancias.

  • Fortaleza:Desarrollar sistemas y procesos sólidos capaces de absorber las perturbaciones sin colapsar. Esto incluye una gobernanza sólida, protocolos de escalamiento claros y una cultura de responsabilidad.
  • Redundancia:Establecer capacidades de respaldo —ya sea en las cadenas de suministro, la infraestructura informática o la dotación de personal— para garantizar que las funciones críticas puedan continuar incluso si los recursos principales se ven comprometidos.
  • Flexibilidad:Diseñar programas de gestión de riesgos que puedan adaptarse rápidamente ante nuevas amenazas. Actualizar periódicamente las políticas, la formación y las tecnologías para mantenerse a la vanguardia.
  • Movilización:Crear equipos de respuesta rápida y establecer canales de comunicación claros para actuar con decisión cuando se produzcan incidentes.
  • Reajuste:Tras una interrupción, lleva a cabo análisis exhaustivos para aprender de la experiencia y perfeccionar tu enfoque de cara al futuro.

Asegurarse de que su empresa esté preparada

El desarrollo de la resiliencia en la gestión de riesgos comienza con un profundo conocimiento de su negocio y un compromiso con la mejora continua. A continuación se explica cómo las organizaciones pueden abordar la preparación de una manera que sea a la vez estratégica y práctica:

Conozca su negocio:una gestión de riesgos sólida comienza con los datos. Las empresas deben recabar, evaluar y sintetizar información de todas las áreas de la organización: reclamaciones, operaciones, finanzas, cadena de suministro y otras. Estos datos constituyen la base para identificar los riesgos razonables y comprender qué exposiciones son las más críticas. No basta con basarse en las tendencias históricas; las organizaciones deben vigilar activamente las amenazas emergentes y ajustar sus perfiles de riesgo en consecuencia.

Es fundamental realizar un inventario exhaustivo de los programas actuales de gestión de riesgos. ¿Qué controles se han establecido? ¿Dónde se encuentran las deficiencias? ¿Cómo se ajustan estos programas al apetito de riesgo y a los objetivos estratégicos de la organización? El análisis de riesgos debe integrarse como parte fundamental de la actividad empresarial, y no limitarse a un mero ejercicio de cumplimiento normativo. Esto implica incorporar la perspectiva del riesgo en las operaciones diarias, la planificación de proyectos y la toma de decisiones a todos los niveles.

Evaluación y gestión del riesgo:Una vez identificadas las exposiciones, las empresas deben analizar los resultados actuales y las tendencias. ¿Están aumentando las reclamaciones en determinadas áreas? ¿Se están volviendo más frecuentes los litigios? ¿Están afectando las interrupciones en la cadena de suministro a la prestación de servicios? El análisis predictivo y la planificación de escenarios pueden ayudar a las organizaciones a anticipar los riesgos futuros y a prepararse en consecuencia.

Definir la propensión al riesgo es un paso fundamental. No todos los riesgos pueden ni deben eliminarse; algunos son necesarios para el crecimiento y la innovación. Los equipos directivos deben trabajar conjuntamente para determinar qué riesgos son aceptables y cuáles requieren medidas de mitigación. Este enfoque colaborativo garantiza que la gestión de riesgos esté en consonancia con los objetivos empresariales y que los recursos se asignen allí donde tengan mayor impacto.

Garantizar la cooperación a nivel directivo:La gestión de riesgos no puede tener éxito de forma aislada. La cooperación a nivel directivo es fundamental para garantizar que el análisis de riesgos sirva de base para las decisiones empresariales y que los líderes comprendan el impacto potencial en las operaciones, la reputación y los resultados financieros. Esto implica una comunicación regular entre los gestores de riesgos y la alta dirección, la presentación transparente de los indicadores de riesgo y un compromiso compartido con la resiliencia.

Los directivos deben promover una cultura en la que la gestión de riesgos se considere un motor de valor, y no solo una medida de protección contra las pérdidas. Cuando los ejecutivos dan prioridad al análisis de riesgos, se transmite un mensaje claro a toda la organización: la preparación y la capacidad de respuesta son esenciales para el éxito a largo plazo.

Cómo comunicar su gestión de riesgos:Por último, las organizaciones deben ser capaces de comunicar su gestión de riesgos, tanto a nivel interno como externo. El análisis comparativo permite evaluar los avances en relación con otras empresas del sector y pone de relieve las áreas que requieren mejoras. Dar a conocer el impacto de los resultados —como la reducción de la duración de las reclamaciones, la mejora de los índices de cierre o la mitigación satisfactoria de eventos catastróficos— genera credibilidad y respalda la inversión continua en la gestión de riesgos.

Una narración eficaz también ayuda a involucrar a las partes interesadas, desde los empleados hasta los miembros del consejo de administración y los socios externos. Al demostrar cómo la gestión de riesgos contribuye a la resiliencia empresarial, las organizaciones pueden fomentar una cultura de mejora continua y posicionarse como líderes en su sector.

En resumen:

Asegurarse de que su empresa esté preparada para 2026 y más allá implica convertir la gestión de riesgos en una parte viva y dinámica de su organización. Esto requiere conocimientos basados en datos, colaboración interfuncional, implicación de la dirección y un compromiso con la transparencia y el aprendizaje. Al adoptar estas medidas, las empresas pueden desarrollar la resiliencia necesaria para prosperar en una era de cambios constantes.