1 de diciembre de 2025
El Reino Unido se encuentra en los albores de un cambio importante en la forma en que se regula la seguridad de los productos y se determina la responsabilidad cuando se producen problemas. Durante muchos años, la Ley de Protección del Consumidor de 1987 marcó los límites de las reclamaciones por productos defectuosos, y ese marco básico sigue vigente. Lo que está cambiando —y cambiando rápidamente— es el entorno normativo que lo rodea: quién es responsable de conservar la información, qué pruebas deben existir y qué empresas están obligadas a cooperar cuando un defecto provoca un perjuicio.
Hay dos novedades que revisten especial importancia. Irlanda del Norte ha incorporado ya el Reglamento general de la UE sobre seguridad de los productos (EU GPSR), que entró en vigor en diciembre de 2024 y constituye uno de los regímenes de seguridad de los productos más modernos y completos de Europa. Por su parte, Gran Bretaña ha aprobado la Ley de Regulación de Productos y Metrología de 2025 (PRMA), sentando así las bases para un enfoque similar, especialmente en lo que respecta a los productos digitales, conectados y basados en la inteligencia artificial.
Aunque difieren en su estructura, ambos marcos impulsan al Reino Unido en la misma dirección: una trazabilidad más sólida, una cadena de responsabilidad más clara y unas expectativas mucho mayores en materia de pruebas. Para los investigadores forenses, las aseguradoras y los especialistas jurídicos, esto se traduce en menos lagunas y un panorama probatorio mucho más sólido.
Una nueva realidad: lo que realmente supone la normativa
El Reglamento General de Responsabilidad de la UE (GPSR) incorpora a las plataformas en línea, los centros de logística y otros intermediarios anteriormente «invisibles» al marco normativo. Los mercados deben verificar quién vende los productos, llevar registros, colaborar en las retiradas de productos y garantizar que los consumidores sepan quién está detrás del producto. Los proveedores de servicios logísticos pueden incluso convertirse en el «operador económico responsable» cuando no sea posible identificar al fabricante o importador original.
Otro cambio importante se refiere a la documentación. Según el Reglamento General sobre Seguridad de los Productos (GPSR), la información técnica sobre un producto debe conservarse durante diez años. Esto incluye las evaluaciones de seguridad, los historiales de actualizaciones y la información necesaria para confirmar el origen del producto y cómo entró en la cadena de suministro. De este modo se reducen las lagunas que a menudo dificultan las investigaciones, como la falta de etiquetas, la procedencia poco clara o la imposibilidad de localizar a los importadores.
La PRMA 2025 lleva al Reino Unido por el mismo camino. Se trata de una ley habilitante más que de un código normativo definitivo, pero su objetivo es claro: las futuras normas abarcarán los productos basados en software, los riesgos relacionados con la inteligencia artificial, los mercados en línea y el etiquetado digital. Definirán cómo se recopila y se comparte la información a lo largo del ciclo de vida del producto. A medida que estas medidas entren en vigor, Gran Bretaña se irá ajustando cada vez más a los requisitos de trazabilidad y rendición de cuentas que exige el Reglamento General sobre Seguridad de los Productos (GPSR).
Por qué es importante para la investigación forense
El trabajo forense siempre ha dependido de la calidad y la disponibilidad de las pruebas. En los lugares donde se han producido incendios o en los casos en los que hay daños térmicos graves, los productos suelen perder toda su identificabilidad, lo que dificulta —y a veces incluso imposibilita— determinar quién es el responsable.
El nuevo marco normativo cambia esa dinámica. Ahora que los mercados en línea y los servicios de logística se reconocen oficialmente como parte de la cadena de suministro, los investigadores tienen acceso a nuevos tipos de información que van más allá de la escena física: los datos de las plataformas, los registros de anuncios, los registros de los almacenes y los historiales de retiradas del mercado pueden ayudar a identificar el origen de un producto, incluso cuando el objeto en sí es irreconocible.
Este cambio cobra especial relevancia a medida que los productos se vuelven cada vez más digitales. Los fallos actuales están cada vez más relacionados con el comportamiento del firmware, las interacciones de los sensores, los problemas de conectividad o los sistemas de gestión de la batería. La PRMA 2025 reconoce explícitamente estos componentes intangibles, lo que significa que las futuras normativas exigirán una documentación más detallada de las actualizaciones de software, el comportamiento del sistema y las evaluaciones de riesgos. Para los investigadores, esto supone una base probatoria más sólida a la hora de establecer la causalidad, independientemente de si el fallo fue mecánico, eléctrico o digital.
La combinación de pruebas físicas y digitales refuerza la fiabilidad de las conclusiones forenses y reduce el número de casos que concluyen con respuestas poco claras.
Qué significa esto para la indemnización y el litigio
En el Reino Unido, la vía legal para las reclamaciones por productos defectuosos sigue basándose en la Ley de Protección del Consumidor, pero la dinámica práctica de los litigios está cambiando. El endurecimiento de los requisitos de documentación, la mayor claridad en las responsabilidades de la cadena de suministro y la inclusión formal de los intermediarios digitales hacen que las reclamaciones que antes se estancaban por falta de pruebas sean ahora mucho más viables.
Mientras que antes algunos casos fracasaban porque no se podía identificar al fabricante o porque el importador había desaparecido de la cadena de suministro, el nuevo marco normativo reduce considerablemente esa incertidumbre. Ahora es más probable que los demandantes tengan acceso a la información necesaria para determinar quién comercializó el producto y quién es responsable de su seguridad.
Este cambio tiene un impacto directo en la recuperación de daños. Amplía el abanico de partes contra las que se puede actuar, aclara las obligaciones existentes dentro de la cadena de distribución y refuerza los fundamentos fácticos sobre los que se puede fundamentar la responsabilidad. En consecuencia, las aseguradoras pueden esperar menos callejones sin salida en las acciones de subrogación y una mayor probabilidad de que se identifique a las partes responsables.
La divergencia entre el sistema de Irlanda del Norte, alineado con el de la UE, y el nuevo régimen de Gran Bretaña, basado en la PRMA, también genera oportunidades estratégicas. Los productos que entran en el Reino Unido a través de Irlanda del Norte ya están sujetos a obligaciones de trazabilidad más estrictas, lo que puede servir de apoyo a las solicitudes de información o a la preparación de casos en litigios que surjan en otras partes del Reino Unido. A medida que estos marcos sigan evolucionando, los equipos jurídicos recurrirán cada vez más a las obligaciones reglamentarias como parte de la estrategia de recuperación.
EFI Global y Sedgwick Legal Services: coordinando conocimientos técnicos y jurídicos
A medida que mejora la trazabilidad y se dispone de más pruebas, el vínculo entre la investigación técnica y el análisis jurídico cobra aún más importancia. El trabajo forense de EFI Global determina cómo ha fallado un producto y a quién puede recaer la responsabilidad, mientras que Sedgwick Legal Services (SLS) se basa en esas conclusiones para evaluar la responsabilidad, diseñar estrategias de recuperación y orientar los pasos a seguir.
Colaborar desde el inicio de un caso ayuda a garantizar que se comprendan correctamente las cuestiones técnicas, que se conserven las pruebas importantes y que los argumentos jurídicos reflejen lo que realmente demuestran las conclusiones técnicas. Este enfoque coordinado ofrece a las aseguradoras una visión más clara y facilita una transición más fluida desde la investigación hasta la recuperación.
Caso práctico: cómo funciona esto en la práctica
Un caso reciente ilustra cómo funciona esto en la práctica. Tras el incendio de una vivienda, la investigación forense de EFI Global determinó que el origen se encontraba en un aparato de calefacción doméstico. El investigador identificó un defecto eléctrico en el conjunto de control del producto, lo que coincidía con un problema de seguridad emergente. Las comprobaciones realizadas en la cadena de suministro confirmaron quiénes eran el fabricante y el propietario de la marca, pero solo se disponía de información limitada sobre la retirada del producto, lo que hizo que el panorama probatorio fuera menos claro que en los casos habituales.
Con el consentimiento de la aseguradora, el experto de EFI Global colaboró estrechamente con Sedgwick Legal Services para aclarar las conclusiones técnicas, subsanar las lagunas probatorias y construir un caso sólido y jurídicamente defendible. Esta colaboración permitió a SLS presentar una reclamación en virtud de la Ley de Protección del Consumidor contra ambas entidades y, en última instancia, lograr una indemnización satisfactoria.
Este ejemplo muestra cómo un mejor acceso a los datos, una mayor trazabilidad y una labor técnico-jurídica coordinada pueden dar lugar a resultados positivos, incluso cuando las pruebas disponibles son incompletas o aún están en fase de desarrollo.
De cara al futuro
La normativa sobre seguridad de los productos en el Reino Unido está evolucionando hacia un modelo basado en los datos, los componentes digitales y la trazabilidad a lo largo de cadenas de suministro cada vez más complejas. El Reglamento general de seguridad de los productos de la UE (GPSR) refleja plenamente este cambio, mientras que la Ley de Seguridad de los Productos de 2025 (PRMA 2025) irá adaptando gradualmente la legislación británica a este nuevo marco.
Para los investigadores, las aseguradoras y los profesionales del ámbito jurídico, este marco en constante evolución supone mejores pruebas, una mayor claridad en la rendición de cuentas y, potencialmente, mayores índices de éxito en la recuperación de daños. Las organizaciones que se adapten con antelación —especialmente en lo que respecta al manejo de las pruebas digitales, los riesgos relacionados con el software y las nuevas responsabilidades en la cadena de suministro— estarán bien posicionadas para gestionar las reclamaciones y contribuir a que se alcancen resultados justos.
EFI Global y Sedgwick Legal Services siguen colaborando para ayudar a los clientes a prepararse para este nuevo entorno, combinando conocimientos forenses con estrategia jurídica en un panorama en el que las pruebas ya no se limitan a lo que se encuentra sobre el terreno, sino que abarcan todo el ciclo de vida digital y físico de un producto.
Para más información, póngase en contacto con Nicholas Okonoboh, [email protected]
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