20 de junio de 2023
El impacto del humo de los incendios forestales en los equipos electrónicos puede ser considerable. A menudo, los daños pueden provocar problemas eléctricos y estructurales que requieren costosas reparaciones o sustituciones. En unaentrada anterior del blog sobre incendios forestales, mis compañeros compartieron una serie de recomendaciones para mitigar los riesgos. En este artículo, profundizamos en este tema, analizando los efectos del humo en los equipos, las estrategias de conservación, el proceso de evaluación y los fundamentos científicos del humo.
Efectos del humo en los equipos eléctricos y electrónicos
La contaminación por humo supone un problema cuando las partículas procedentes de la combustión de materiales se depositan sobre las superficies electrónicas expuestas. El humo puede afectar a diferentes zonas de cinco maneras:
- Disipación térmica: las partículas transportadas por el humo obstruyen los filtros, impiden el paso del aire y provocan el sobrecalentamiento de los equipos.
- Corrosión: las partículas con propiedades corrosivas atacan las superficies metálicas susceptibles, lo que provoca la formación de picaduras. Las picaduras son un tipo de corrosión que se produce cuando determinadas zonas de una superficie metálica sufren un ataque químico, lo que da lugar a la formación de pequeños agujeros o picaduras en la superficie.
- Manchas: la decoloración podría volverse permanente.
- Olor: el olor es un indicio de que aún hay sustancias químicas potencialmente nocivas presentes y de que estas podrían liberarse al aire cuando el equipo está en funcionamiento. Esto supone un riesgo para la salud de las personas que se encuentran cerca.
- El humo abrasivo está compuesto por partículas minúsculas del material quemado y puede causar daños en los conjuntos mecánicos al actuar como abrasivo entre los componentes móviles.
Mantenimiento del equipo
Una vez detectada la corrosión, el tiempo se convierte en un factor determinante, ya que es posible que no sepa con certeza si debe reparar o sustituir el equipo afectado. No obstante, hay seis medidas preventivas que puede adoptar para evitar que la corrosión se extienda antes de tomar una decisión.
- No se debe encender ningún equipo que haya estado expuesto al humo. Existe un alto riesgo de que se depositen partículas conductoras entre los componentes electrónicos, lo que podría provocar un cortocircuito.
- Desconecte el equipo de la red eléctrica y de cualquier otra fuente de energía.
- Contrate a proveedores de servicios de mantenimiento de equipos o a un especialista profesional en descontaminación para que extraigan el agua.
- Intente reducir la humedad relativa en las instalaciones hasta situarla entre el 45 % y el 55 %.
- Algunos metales con los que están fabricados los equipos, como los que carecen de una barrera natural contra el aire o los que no están pintados, son susceptibles de oxidarse si se dejan al aire libre. Esos metales deben tratarse con un inhibidor de óxido (aunque hay que asegurarse de no rociar lubricantes inhibidores sobre las placas de circuitos). Además, se deben adquirir inhibidores de corrosión en fase de vapor (VpCI) y colocarlos dentro de los paneles de control electrónicos.
- Cubra los equipos antes de que comiencen las tareas de restauración de las instalaciones. No cubra los equipos que no se puedan apagar.
Evaluación de equipos
Cuando nos encontramos ante una gran cantidad de equipos que parecen haber quedado destruidos, puede resultar complicado determinar el grado de corrosión que se ha producido, si es que lo hay. Una inspección minuciosa del lugar del siniestro puede proporcionar detalles sobre los materiales que se consumieron y los posibles productos químicos que se liberaron en la zona. Mientras que algunas instalaciones afectadas por un incendio sufren un corte repentino del suministro eléctrico, otras —y especialmente aquellas afectadas por el humo de los incendios forestales— mantendrán el suministro durante todo el suceso. Por lo tanto, es probable que los equipos permanezcan encendidos. Tras un siniestro, es imprescindible apagar los equipos que puedan haber estado expuestos a sustancias conductoras.
Una forma rápida de determinar si hay materia conductora es utilizar un medidor de conductividad, que es un dispositivo que mide la capacidad de una sustancia para conducir la electricidad. Este medidor se puede utilizar para determinar el nivel de conductividad en una solución, un contaminante o un gas, por ejemplo. Si no se dispone de un medidor de conductividad, el uso de cintas adhesivas para determinar la presencia de hollín, cenizas o carbonilla, y de muestras analíticas obtenidas mediante frotis para revelar la composición de las partículas sedimentadas (es decir, sulfatos, nitratos, cloruros) ayudará a determinar si existen contaminantes relacionados con la pérdida y, en caso afirmativo, si son corrosivos o no.
La ciencia que hay detrás del humo
Contrariamente a lo que se suele creer, el humo no siempre es perjudicial. Como se ha señalado, una evaluación del lugar del siniestro puede proporcionar detalles sobre los materiales que se han consumido y las posibles sustancias químicas que se han liberado. Determinar empíricamente si el humo es perjudicial para los equipos eléctricos requiere ciertos conocimientos científicos. Por ejemplo, la corrosión se produce cuando los metales susceptibles del equipo, el agua procedente de la humedad o de las actividades de extinción de incendios y las sustancias químicas de los materiales quemados —como la madera, los plásticos y el nailon— reaccionan y forman ácidos débiles. Los ácidos se unen a los metales y provocan la corrosión. Aunque no es una lista exhaustiva, para que se produzca la corrosión suelen ser necesarios sulfatos, nitratos o cloruros.
Cuando los materiales se consumen en un incendio —ya sea un incendio forestal o dentro de un edificio—, se liberan iones al medio ambiente. Los iones son partículas minúsculas que tienen carga eléctrica. Piense en ellos como pequeñas baterías que pueden ser positivas o negativas. Cuando hay más cargas positivas que negativas, se denominan cationes. Cuando hay más cargas negativas que positivas, se denominan aniones. Cuando estos iones se mezclan con el agua, la reacción puede ser catastrófica para los equipos eléctricos y electrónicos. Cuantificar la presencia de aniones y cationes es, por lo tanto, un paso fundamental para apreciar plenamente el alcance de la exposición y el potencial de daños irreversibles.
Los ingenieros y los especialistas en higiene industrial de EFI Global realizan inspecciones visuales no invasivas para evaluar la gravedad de la exposición al humo y los daños causados. A partir de los resultados de la inspección inicial, se formulan recomendaciones que pueden incluir una inspección o investigación más exhaustiva, con ensayos no destructivos o destructivos. Tras las inspecciones y pruebas, se determinarán la exposición y los posibles daños, y se comunicarán recomendaciones para la limpieza, reparación o sustitución, según sea necesario, con el fin de devolver el equipo a su estado anterior al siniestro.
Más información > visita efiglobal.com o ponte en contacto con [email protected].
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