Autores

Por Steve Ellis, vicepresidente del departamento de responsabilidad civil

Cuatro factores interrelacionados están dando lugar a un ciclo de vida de los pasivos más compacto

Durante décadas, se consideraba que la gravedad de la responsabilidad civil venía determinada, en gran medida, por los procedimientos judiciales. Los profesionales de la gestión de siniestros disponían de tiempo para investigar, dialogar con los reclamantes, elaborar estrategias y negociar una solución. Hoy en día, ese modelo está cambiando rápidamente.

Según el último análisis de Sedgwick sobre litigios por responsabilidad civil, la gravedad de los casos se va determinando cada vez más mucho antes de que estos lleguen a juicio y, a menudo, antes de que la estrategia procesal esté completamente definida. El resultado de las reclamaciones se va definiendo en una fase más temprana del proceso, a medida que los plazos se acortan, las expectativas aumentan y las decisiones críticas se toman bajo una presión cada vez mayor. 

Este cambio ha dado lugar a una paradoja llamativa. Los juicios son cada vez menos frecuentes, pero el riesgo que estos entrañan nunca ha tenido tanta influencia. En 2025, solo el 1,25 % de las reclamaciones por daños corporales que llegaron a los tribunales se resolvieron con un veredicto. Sin embargo, los «Nuclear Verdicts®» siguen teniendo un impacto desmesurado en el panorama general de las reclamaciones, influyendo en el comportamiento a la hora de llegar a acuerdos y en la valoración de las reclamaciones mucho más allá del número relativamente reducido de casos que llegan a los tribunales. 

En muchos aspectos, las reclamaciones por responsabilidad civil se negocian ahora bajo laamenaza de un juicio. La percepción de lo que podría ocurrir ante un jurado suele condicionar las expectativas mucho antes de que un juicio se convierta en una posibilidad realista. Los abogados de los demandantes basan cada vez más sus reclamaciones en el veredicto que creen que podrían obtener, lo que eleva las expectativas de acuerdo a lo largo de todo el proceso de la reclamación. 

Los datos ponen de relieve esta realidad. En los últimos cinco años, la cuantía de las sentencias ha aumentado a una tasa media anual de aproximadamente el 3,7 %, más o menos en línea con la inflación. La cuantía de los acuerdos extrajudiciales, sin embargo, se ha incrementado a un ritmo más de tres veces superior, con una media del 12,6 % anual. Los resultados sugieren que el aumento de la cuantía se debe menos a los resultados reales de los juicios y más a cómo se plantean, se perciben y se negocian las reclamaciones en las primeras fases del proceso.

En el centro de este cambio se encuentran cuatro fuerzas interrelacionadas que están dando lugar a un ciclo de vida de los pasivos más breve.

Representación letrada en una fase anterior

La representación letrada se está convirtiendo en la norma en una fase cada vez más temprana del proceso de reclamación. Los datos de Sedgwick muestran que aproximadamente el 70 % de los reclamantes que finalmente contratan a un abogado y presentan una demanda cuentan con representación letrada en las dos semanas siguientes a la primera notificación del siniestro. 

A medida que la representación se produce antes, las oportunidades para la participación directa, el establecimiento de expectativas y la resolución temprana se van reduciendo cada vez más. Lo que antes era un margen de varios meses para influir en la evolución de la reclamación, ahora suele medirse en días. 

Financiación de litigios por parte de terceros

El crecimiento constante de la financiación de litigios por parte de terceros es otro factor que está modificando el resultado de las reclamaciones. Aunque la financiación sigue concentrándose en determinados tipos de reclamaciones y jurisdicciones, las reclamaciones financiadas suelen prolongarse mucho más y acarrean costes considerablemente más elevados que las que no lo están. 

Es importante destacar que la financiación de litigios no actúa tanto como un factor independiente que influye en la gravedad, sino más bien como un multiplicador de efectos. Al prolongar la duración de las reclamaciones, reducir la presión para llegar a un acuerdo y reforzar las expectativas de una mayor indemnización, la financiación amplifica la gravedad de unas reclamaciones que ya están predispuestas a tener resultados complejos y costosos. 

Inflación social

La inflación social sigue influyendo en los resultados en materia de responsabilidad civil, pero su impacto se está manifestando antes que nunca. Los argumentos de los demandantes son cada vez más sofisticados, el sentimiento anticorporativo sigue siendo predominante y las expectativas de indemnizaciones más elevadas se reflejan cada vez más en las cartas de reclamación y en las negociaciones previas a la demanda.

Las presiones económicas, entre las que se incluyen la inflación de los costes sanitarios y el aumento generalizado del coste de la vida, refuerzan aún más estas tendencias. En conjunto, crean un entorno en el que el importe de las reclamaciones se ve incrementado mucho antes de que se puedan evaluar plenamente la responsabilidad y los daños y perjuicios. 

Presiones de carácter procesal

Las tácticas de la parte demandante también están acelerando el ritmo de los litigios. La presentación más temprana de demandas y el mayor uso de requerimientos con plazo limitado están acortando los plazos de toma de decisiones y obligando a las organizaciones a responder antes de que se hayan aclarado por completo los hechos, la responsabilidad y los daños y perjuicios. 

Estas presiones procesales reducen las oportunidades de entablar un diálogo significativo antes de la interposición de la demanda y desplazan el equilibrio de poder a una fase más temprana del ciclo de la reclamación, lo que hace que las decisiones iniciales tengan cada vez más importancia. 

Por qué es importante esta convergencia

Cada una de estas fuerzas es importante por sí misma. En conjunto, están transformando de manera fundamental la forma en que se desarrollan las reclamaciones por responsabilidad civil.

La intervención temprana de un abogado acorta los plazos de tramitación. La financiación de litigios alarga la duración de las reclamaciones y endurece las posiciones en las negociaciones para llegar a un acuerdo. La inflación social eleva las expectativas. Las presiones procesales aceleran los plazos. El efecto combinado es un entorno más dinámico y de mayor riesgo, en el que la gravedad de los casos se determina cada vez más en las primeras fases de una reclamación, en lugar de a lo largo del propio proceso judicial. 

Para las aseguradoras, los administradores externos de reclamaciones (TPA) y los gestores de riesgos corporativos, las implicaciones son claras. Los modelos tradicionales, basados en largos periodos de investigación, evaluaciones graduales y negociaciones reactivas, están perdiendo eficacia. Las organizaciones que esperan a que el litigio esté ya en marcha para formular su estrategia pueden encontrarse con que las oportunidades cruciales para influir en los resultados ya han pasado. 

El éxito en el entorno actual requiere una intervención más temprana, una mayor implicación de los reclamantes, estrategias de negociación disciplinadas y un mayor uso de la analítica para identificar los factores que influyen en la gravedad antes de que las posiciones se consoliden. Las organizaciones mejor posicionadas para controlar los resultados serán aquellas que reconozcan la realidad del ciclo de vida comprimido de la responsabilidad civil y actúen antes de que la gravedad se afiance. 

Para un análisis más detallado de estas tendencias, que incluye datos sobre la financiación de litigios, información sobre el riesgo relacionado con la jurisdicción, novedades en materia de reforma de la responsabilidad civil y recomendaciones para las entidades gestoras de siniestros, consulte el informe completo de Sedgwick titulado «Observaciones y tendencias en materia de litigios por responsabilidad civil 2026».