29 de junio de 2026
Aunque el coseguro no es un concepto nuevo, actualmente nos encontramos con estos acuerdos de reparto con mayor frecuencia y en una mayor variedad de formas en Daños en el Reino Unido. Esta tendencia es especialmente notable en los siniestros de mayor valor y más complejos, en los que los requisitos de capacidad y la dinámica del mercado suelen exigir la participación de varias aseguradoras.
El objetivo de esta nota es destacar un ejemplo de los tipos de acuerdos de coaseguro con los que nos encontramos cada vez con mayor frecuencia, esbozar las cuestiones prácticas —y, en ocasiones, problemáticas— que pueden surgir durante la tramitación de las reclamaciones, y explicar cómo estos acuerdos pueden afectar al desarrollo general, el ritmo y la resolución de los siniestros de gran envergadura y, en ocasiones, repercutir de forma involuntaria en la experiencia del cliente.
A modo de introducción, el coaseguro suele consistir en que dos o más aseguradoras compartan el mismo riesgo, cubriendo cada una una parte de la suma total asegurada. Es una práctica habitual en grandes riesgos comerciales o industriales, en los que la exposición es demasiado elevada para que una sola aseguradora pueda asumirla por sí sola. Aunque el principio es sencillo, su aplicación, especialmente en el contexto de un siniestro de gran envergadura, a veces puede ser todo menos sencilla.
Históricamente, los acuerdos de coaseguro más habituales en el Reino Unido solo han contado con un número reducido de aseguradoras participantes; sin embargo, en los últimos años hemos observado que estos acuerdos son cada vez más frecuentes y, cabe destacar, a menudo pueden incluir a más de 10 aseguradoras, cuyas cuotas respectivas a veces son porcentajes de un solo dígito, llegando incluso a ser tan bajas como el 1 % o el 2 %.
Por supuesto, existen muchos otros tipos de acuerdos de coseguro, la mayoría de los cuales se diseñan a medida en función de la naturaleza de la empresa asegurada y de los territorios en los que opera.
En el tipo más habitual de acuerdo de coseguro, habrá una aseguradora principal responsable de la suscripción, la gestión de siniestros y la autoridad en materia de siniestros. Las siguientes aseguradoras del mercado asumen un porcentaje del riesgo, y el asegurado tiene un contrato con cada aseguradora de forma individual. Por lo general, la aseguradora principal solo se pondrá en contacto directamente con los coseguradores cuando proponga decisiones o medidas no rutinarias que pretenda adoptar, ya sea en relación con la cobertura de la póliza o con el nivel y las condiciones de la indemnización.
Como perito con amplia experiencia, recuerdo que, cuando empecé a trabajar en la peritación de siniestros, recibíamos un generoso suplemento de 5 libras sobre los honorarios establecidos por las aseguradoras para los siniestros con coasegurados; esta cantidad estaba destinada principalmente a cubrir los gastos administrativos adicionales y los sellos postales. La situación ha cambiado considerablemente desde entonces.
¿Qué tendencias se observan hoy en día?
En primer lugar, una vez que identificamos un acuerdo de coaseguro (lo cual puede no resultar evidente a primera vista), debemos asegurarnos de que todos los coaseguradores sean notificados de la reclamación para poder obtener sus datos de contacto, referencias de la reclamación, etc. Este proceso por sí solo puede llevar un tiempo considerable y distar mucho de ser sencillo. Posteriormente, una vez que el asegurador principal ha aprobado la emisión de nuestros informes, observamos que los coaseguradores suelen participar ahora mucho más en el proceso de reclamación de lo que solía ser habitual en el pasado.
Tras un Daños importante Daños —ya sea un incendio devastador, una inundación o una tormenta—, un acuerdo de coaseguro sobre un riesgo puede complicar una situación de reclamación que ya de por sí es compleja y difícil. Aunque los acuerdos de coaseguro están diseñados para repartir el riesgo, también plantean una serie de retos operativos que pueden retrasar la toma de decisiones clave, el pago de las indemnizaciones, la liquidación del siniestro e incluso tensar las relaciones. En situaciones extremas, hemos visto cómo el asegurado solo recibía un pago parcial cuando algunas aseguradoras no seguían la línea marcada y cuestionaban no solo su visión de la cobertura y su interpretación, sino, en ocasiones, también su propia suscripción del riesgo. En algunas ocasiones, algunos coaseguradores designan a sus propios abogados de forma independiente, lo que puede dar lugar a opiniones divergentes sobre cuestiones clave, lo que inevitablemente provoca retrasos.
En reclamaciones recientes, se han dado casos en los que los consultores externos que nosotros o las aseguradoras deseábamos designar se han negado a aceptar el encargo al conocer que existía un acuerdo de coaseguro. Finalmente, tuvimos que confirmar que la aseguradora principal se haría cargo íntegramente de los honorarios de los consultores en un primer momento.
Sin embargo, en contadas ocasiones, en el caso de siniestros de mayor cuantía, nos encontramos con situaciones en las que la aseguradora principal abona el 100 % de la indemnización y, posteriormente, solicita el reembolso a los coaseguradores.
Con el fin de reducir el riesgo de que el cliente se enfrente a un proceso de reclamación insatisfactorio o prolongado, todas las partes deben esforzarse por garantizar que se cumplan los siguientes requisitos:
- Acuerdos claros sobre reclamaciones:Se deben establecer protocolos sólidos en materia de reclamaciones en el momento de la contratación, que incluyan mecanismos para la notificación temprana de las mismas.
- Comunicación regular:Mantener un diálogo abierto y constante entre los coaseguradores a lo largo de todo el proceso de tramitación de la reclamación para evitar sorpresas o desajustes.
- Reuniones de mercado:Cuando proceda, organice reuniones de mercado para garantizar que los coaseguradores puedan participar en las decisiones clave.
Conclusión
El coseguro es un mecanismo eficaz y esencial para gestionar Daños a gran escala, pero requiere colaboración, claridad y, sobre todo, una comunicación y una interacción regulares y de alta calidad para garantizar que la experiencia del cliente sea lo más fluida y sencilla posible.
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